El lunes 27 de abril del año pasado recibí una llamada de Lynette Scavo, that is, una de mis mejores amigas ever. Le estuve contando la interesante historia de mi vida durante una media hora hasta que en un momento de la conversación-monólogo me dijo que me tenía que decir algo. Empezó preguntándome si me acordaba de Benjamin H. Bien sûr que oui. Me acuerdo de todo y de todos. ¡¿Cómo olvidar a gente que estuvo en mi clase durante los dos últimos cursos de instituto?!
Benjamin se estaba muriendo. Estaba en el hospital porque un tumor cerebral se lo estaba llevando. Casi nadie sabía nada de su estado hasta hacía pocos días y al parecer otros pocos eran los que le quedaban a Ben por vivir. Murió el día 30. Mary Alice y Bree habían ido a despedirse de él al hospital y Ben dormía la mayor parte del tiempo, abría los ojos muy de vez en cuando y sonreía.
Putain de merde.
Estamos inmersos en nuestros dramas de novios que nos dejan, de amigos con los que nos peleamos, de exámenes que suspendemos, de camisetas que nos hacen parecer más gordos de lo que estamos, de ediciones limitadas de discos que se pierden por el camino y los cabrones de priceminister no te devuelven el dinero. Y luego te enteras de que una persona que ha estado cerca de ti durante años ha tenido que sacar huevos de no sé dónde para escribirle una carta de despedida a su madre.
Putain de merde.
Ben nunca fue amigo mío. Teníamos un trato cordial y nos lo pasamos bien ensayando las escenas que teníamos juntos en la obra de teatro de fin de curso pero poco más. Supongo que - y sé que esto puede quedar fatal - era demasiado buena gente para interesarme de verdad.
Pero ahora me acuerdo de él todos los días. Como me acuerdo de mis padres, de mi hermano, de las chicas de mi Wisteria Lane o de mis propias Spice. Me acuerdo de Ben cuando como chocolate, cuando me corro, cuando escucho un estribillo que me vuelve loco, cuando me mandan un sms bonito, cuando compro flores, cuando me las compran a mí, cuando me río con mi tía Lola de lo maricón que soy, cuando apruebo una asignatura, cuando visito una ciudad que desconocía, cuando veo que ha pasado un año desde entonces y me doy cuenta de que he tenido la inmensa suerte de acumular 365 días de recuerdos que Ben nunca tendrá,…
Cuando veo que el mejor de esos 365 días es el que he vivido hoy, lunes 26 de abril.
Porque me he despertado tarde, porque me he mirado al espejo y me ha gustado lo que he visto, porque he ido a la playa con Rasca y hemos cantado Parachute, porque he almorzado sin tener que preparar la comida ni fregar los platos, porque creo haber ayudado a Pica escuchando lo mal que le va con su chico, porque sé que a mi tía Cinta le ha hecho ilusión que me acordase de su cumpleaños, porque he acabado un trabajo que casi acaba conmigo, porque Baby confirma mi teoría de que es la persona que hace los mejores regalos del mundo, porque Posh me ha abrazado diciéndome lo mucho que se alegra por mí, porque he hecho una buena acción presentando una chica nueva en Málaga a mis amigas, porque me lo he pasado pipa con mis chicas y mi chico cenando en La Galerna, porque he vuelto a casa con él y le he confesado que me estoy enamorando, porque se ha emocionado mientras le hablaba, porque hemos escuchado juntos 18 de Moby, porque ha derramado alguna lágrima en mis brazos y yo he derramado otras cuantas cuando se ha ido, porque I’m so fucking happy I could fucking die.
Pero por Ben y por mí mismo, voy a seguir viviendo; sé que lo mejor siempre está por venir.
De todos es sabido que tengo una obsesión que no es normal con Cheryl Cole. Lo sabéis vosotros, lo saben mis amigos, mis rolletes, mis padres, mis alumnos y mis profesores. Me doy asco. Les doy asco. Os doy asco. C’est la vie. Ahora bien, he de confesar que por mucho que Miss Tweedy sea mi miembro favorito (y el único que me resulte realmente imprescindible) de las Girls Aloud, en el fondo sé muy bien que quién SOY es Nadine Coyle. Y desde que Nicola ha confesado que las cuatro llevan como siete meses sin tener noticias de la una, he entendido que soy más Nadine de lo que pensaba.
Iba a enumerar aquí una serie de hechos y características que os harían entender porqué mi apodo tendría que ser Diney pero como también os confirmarían que soy un mongolo, egocéntrico, superficial, celoso (que no envidioso), orgulloso, con trastornos alimenticios, insensible y mal amigo (o compañero de curro, según cómo veáis las cosas), mejor me callo y os dejo con el primer tema de Nadine en solitario.
The funny thing es que al salir del local, echamos a andar y nos pusimos a hablar de todo y de nada. Caminábamos muy lentamente. Quizás porque después de Eternamente Inocente, Remedy, The Promise, Superstar, About You Now y otras tantas, los pies no nos dejaban ir más deprisa. O quizás era porque no queríamos que la noche acabase ahí. Lo cierto es que poco antes de llegar a mi casa, nuestros caminos deberían haberse separado pero no lo hicieron. Cuando llegamos a mi portal le invité a subir. Aceptó. Ahí estábamos: a las cinco de la mañana en la cocina de Rasca y Pica, bebiendo zumo de naranja, rodeados de gatos a los que ni nos atrevíamos a tocar, charlando… Lo que pasa es que después de haber estado dos días antes merendando contándonos nuestras vidas y de haber pasado la noche entera juntos, me parecía evidente que si seguía en mi casa a esas horas era por una razón que no tenía nada que ver con ponernos al día. Analizamos el momento (bajo) en el que las carreras de la mayoría de nuestras divas están, recordamos los años de facultad en los que estuvimos en la misma clase, rajamos de nuestros compañeros y profesores... Y luego nos pusimos más serios y hablamos de cosas realmente importantes.
Nos estábamos pidiendo a gritos un beso que nos debíamos desde hacía cuatro años.
Pero yo sabía que él no se atrevería a dar upa. Así que mientras le hablaba me acerqué a él y le besé. Besamos igual. I-GUAL. Sus piernas temblaban tanto que hasta se subió en la encimera para que los nervios se notasen menos. No funcionó. Jeje. Jijí.
Ayer por la tarde quedé con las chicas para contárselo y ver qué les parecía.
También nos hicimos fotos.
Baby no podía creer que hubiese pasado. Yo le dije que siempre supe que algún día ocurriría. Sporty no entendía que pasase ahora (A.H.O.R.A. como diría Mariah). “¿En qué otro momento podría haber pasado, Sporty?”. Posh dijo que el chico en cuestión iba detrás de mí desde el principio y que debe de estar flipándolo. Scary le contestó: “Iba detrás de él al principio. Después se odiaron durante mucho tiempo... ¡¿Cómo ha pasado esto entonces?!”. Aquí es cuando Karmelita, muy segura de sus palabras, exclamó: “Eso no tiene nada que ver. Cuánto más odio haya, más ganas hay también”. Yo las escuchaba y asentía. A Ginger no le he contado nada aún. Me llamó ayer medio llorando, traumatizada ya que por culpa del pedo de Björk ha pasado dos días durmiendo en un aeropuerto de Holanda, otro en un autobús hasta llegar a Málaga y un total de cuatro sin ducharse. Así que no era plan de soltarle que mientras tanto yo he estado aquí de puta madre quitándome espinitas.
Eso sí, las reacciones más guay han sido las de Rasca y Pica: en cuanto él se marchó, las dos salieron de sus cuartos como posesas para preguntar qué había pasado. Pica preguntó: “¿Quién es? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿En qué color?”. Rasca fue mucho más directa: “Tienes la nariz roja. ¿Se la has metido en el culo o qué?”.
Llevamos cuatro años de tiras y aflojas pasando de estar semanas pegados a no hablarnos durante meses, teniendo un orgullo muy grande como para levantar el teléfono y esperando que el otro ceda y decida llamar. Ha sido mi admirador, mi amigo, mi enemigo, mi compañero de clase, un conocido,… La cosa es que ayer decidimos salir a dar una (puti)vuelta juntos. Le dije de broma que sería como cuando Gaby y Edie salieron de buen rollo y luego se pelearon por ver cuál de las dos ligaba más. Jeje. Jijí. Eso sí, tenía MUY CLARO que en mi particular versión de esa night out, yo tenía que ganar a toda costa.
Y vaya que si gané:
Una musculoca muy guapa pero con la que tendría menos conversación que con un gato me entró a sako en cuanto puse un pie en la disco. No, gracias. Un chico de la universidad que me dijo que no se esperaba verme ahí (vamos, que no pensaba que fuese marica): “Eres muy discreto”. Yo pensé algo como: “Espera que me pongan Soy Yo y vas a ver lo discreto que puedo llegar a ser”. Me dice que tiene dos carreras y que una de ellas es una ingeniería que hizo “para complacer (¡COMPLACER!) a mamá y papá, que son ingenieros” pero que ahora, él, lo que hace es magisterio, que le mola de verdad. Ya sabéis lo poco que me gustan los ingenieros y sus papás, así que le dije que otra vez hablaríamos. No, gracias. Un Latin King que no se da por vencido por mucho que lleve siglos detrás de mí intentando agregarme al fb y me tenga rechazando peticiones de amistad por doquier. No, por favor. Un tío con el que estuve hace un tiempo que no entiende que la cosa se acaba y punto. No. Hazlo por ti. Tres osazos que me acorralaron porque ven de lejos que además de chaser, soy un oso in disguise, y que lo sería realmente si no fuese por lo mucho que me gusta vomitar y tener cara de muerta de hambre a lo Little Boots. Pero hijo, si quieres ligar conmigo, ven tú solito. No vengas con toda tu banda. No, no, no… Una impersonator de La Mala Rodríguez que viene cuando están a punto de cerrar para preguntarme si me puede presentar a un amigo. ¡Qué pereza!
Aunque lo mejor fue que al poner un pie en el local, el DJ, que me tiene completamente y locamente enamorado va y pincha Fight For This Love, haciendo que me sintiese como en casa nada más llegar. Eso no es ligar, vale, pero dejadme creer que sí lo es.
La verdad es que no sé si Gaby ligó mucho o poco. Yo no ví que ocurriese nada. Pero oye, quizás ligó a tope desde la distancia. En todo caso, al salir del local me sentí con el poder, el derecho y las ganas de decir lo de: “Count them and weep, Solís”.
Hace un mes Posh, Baby y Scary (o sea, las tres personas que más quiero de toda Málaga) vinieron a pasar una semanaca a Bristol. Como ya habían venido tres meses antes y en Bristol, una vez que has visto Cabot Circus, el puente, el puerto y la casa de Cassie Wow-Nice ya lo has visto todo, nos fuimos un día a Londres y otro a Bath que es una ciudad tan bonita que me pegaría un tiro como me tocase pasar en ella más de dos días. Bonita, sí. Y aburridilla también.
El caso es que al llegar a Bath fuimos como posesos a desayunar Doritos y sándwiches de Sainsbury’s que nos zampamos muy gustosamente sentados en un banco en medio de una calle. Era la calle principal (en una ciudad con siete calles es fácil encontrarte en la principal) y resulta que estábamos rodeados de gente que estaba comiendo allí sus fries from McDonald’s, sus bocatas, sus ensaladitas… En pleno festín, Scary levantó la mirada, se sacó un trozo de gofre de la boca y dijo: “Esto es como si te sientas en Calle Larios a comerte un bocatachorizo”. Le contesté: “Sí, pero tú no tienes cojones de sentarte en Calle Larios a comerte un bochatachorizo delante de to Dios”.
La foto demuestra lo mal que conozco a Scary.
Lo chungo es que nuestro próximo reto es apuntarnos al casting de GH 12. Ginger, que es fanática del programa como pocas, me dijo: “Manu, si te presentas, te cogen FIJO. Y si te lo montas bien y aguantas las primeras semanas, ganas”. Luego paró en seco, pensó algo, titubeó, me miró a los ojos y finalmente soltó: “Aunque, Manu, tú no aguantarías dos semanas ahí; a ti el público te echa antes”.
Málaga es la ciudad con mayor número de maricas por metro cuadrado de todo el universo y parte de África. Cuando estoy en Bristol o en Bruselas y le digo a mi gente de allí que en Málaga no puedo salir a la calle sin toparme con 547 en los 10 minutos que pueden haber de mi casa al centro, me suelen contestar “Ah, sí, jeje” como el que dice “Te encontrarás con 2 y mucho es, como nosotros aquí, como en todos lados… So maricón”. Pero no. Y cualquiera que viva en esta ciudad lo podrá confirmar.
Ayer Baby, Scary, Posh y yo nos sentamos en Calle Larios a comer un bocata de chorizo. Hablábamos, mirábamos, rajábamos. Disfruto. El caso es que llegó un momento en el que nos dimos cuenta de que eso estaba lleno de fans de Lady Gaga. Uno de rojo muy mono. Y con bolso. Otro guapo que nos hizo una foto. Y con las cejas más finas que las de mis tres amigas. Uno guapo también que movía las caderas y el culo al andar como si su vida dependiese de ello. Otro feo. Lo mires por donde lo mires, no tiene virtud ninguna. Y así hasta que me levanté y me fui a descorchar botellas por ahí dejándolas haciéndose fotos en plena calle.
En la foto las chicas se preguntaban si el chico que mirábamos era gay o no. Yo me preguntaba si era pasivo o activo.
Mira que ya me gustaba Julie Zenatti (Julie Z para los íntimos) pero ahora que ha subido esta foto a su facebook oficial diciendo que salía ahí con los creadores de su último álbum me he dado cuenta de que además de tener la voz más bonita de todos los tiempos, Julie es una buena mariliendre. Como mis amigas, como las vuestra. Seguro que no le importa pagar 15 euros para entrar en una discoteca en la que tú y los demás maricas entráis gratis.
J’adore.
Y de regalo, aquí os dejo Entre L'Amour Et Le Confort de su último álbum. Una declaración de amor acojonante. Es más, si alguno de vosotros piensa confesarme que me ama con toda su alma, le aconsejo que lo haga con esta canción. Si no, la cosa no funcionará. Os lo digo por experiencia.